La Oración del Vendedor

 

Señor,  ayúdame:

 

A levantarme temprano, con pensamientos optimistas y entusiastas, con fe en ti, en mí y en mi trabajo.

 

A organizar mi trabajo del día en tal forma, que todo el tiempo esté tan ocupado, que no tenga tiempo para pensamientos o conversaciones pesimistas.

 

A sonreír siempre, aún en medio de los obstáculos, pensando que dichos obstáculos son naturales y que no permitiré que me detengan sino que los convertiré en peldaños para ascender.

 

A sentir a todas horas que con mi trabajo estoy beneficiando no solamente a mis seres queridos sino a todos los hogares de mis clientes.

 

A estudiar y analizar honesta y eficientemente los problemas y necesidades de mi cliente en relación con mi trabajo y recomendarle en forma clara y sencilla las soluciones más adecuadas.

 

A  ser sincero conmigo mismo y con mis clientes y a gozar sirviendo.

 

A tratar de que cada cliente se convierta en mi amigo y no en una fuente momentánea de ingresos para mí.

 

A escuchar con paciencia e interés y sin interrumpir.

 

A no olvidar que posiblemente escucharé varios NO antes de oír un SI.

 

A buscar las rosas sin maldecir las espinas.

 

A no llorar sobre la leche derramada.

 

A reconocer  y corregir mis deficiencias y errores.

 

A no dejar para mañana lo que pueda hacer hoy.

 

A recordar que el Éxito no es suerte, sino hijo de la tenacidad, la constancia, la fe, el optimismo y el entusiasmo.

 

A no envanecerme con una venta ni sentarme a descansar sobre ella.

 

A proponerme a no vivir a crédito sino con superávit para poder trabajar sin el lastre de la angustia económica.

 

A no olvidar que si practico diariamente estas normas y cuento con tu ayuda adquiero el hábito del ÉXITO y no lo dejaré en el futuro.