"YO NO CREO EN LOS CONFERENCISTAS"

Hace unos días en la reunión del equipo de dirección de una prestigiosa compañía que deseaba contratar mis servicios, uno de los participantes se dirigió a mí para decirme sin rodeos: “Leonel, yo no creo en los conferencistas!” y luego agregó: “ me disculpará usted, pero yo veo que las personas asisten a una conferencia en la que le sueltan un rollo sobre un tema, digamos, un tema motivacional y la gente sale de allí muy entusiasmada. Diciendo que el balance del evento fue muy positivo y elogiando los temas, la metodología y no sé cuantas cosas más.

 

Sin embargo, agregó, después de dos semanas, ya la motivación ha decaído, y la gente vuelve a lo mismo. El conferencista cobró, siguió su camino mientras las cosas para quienes asistieron a la conferencia siguen exactamente igual que antes. Por eso afirmo sin aguas en la boca “¡YO NO CREO EN LOS CONFERENCISTAS!”.

 

Yo había escuchado pacientemente el argumento de aquella persona, sin perder una sola de sus palabras. De hecho, me parecía muy interesante su punto de vista y le escuchaba atentamente, no solo por respeto, sino porque honestamente me interesaba conocer su punto de vista.

 

Todos los asistentes a la reunión guardaron silencio, esperando que yo respondiera aquel cuestionamiento, que ya hacía bastante tiempo no escuchaba. 

 

Entonces, pregunté:

—Patricio, ¿has ido al médico recientemente?

— Sí, claro. Debo controlar continuamente la tensión arterial puesto que soy hipertenso. 

— Entiendo. Y el médico te ha recomendado alguna dieta, seguramente…

— No solo dieta, también medicamentos y me mandó a hacer ejercicios. 

— Supongo que sigues las instrucciones del médico, ¿verdad?

 

 Algunas personas del grupo sonrieron, porque sabían que nuestro amigo no seguía rigurosamente las instrucciones médicas.

 

— Bueno, me tomo los medicamentos, pero no hago ejercicios y no puedo seguir la dieta juiciosamente porque viajo con frecuencia y así es muy difícil hacerla. Y ya algo incómodo contrapreguntó: Leonel, ¿a dónde quiere llegar con esto?

 

— Pues, Patricio, quería que sacaras tus propias conclusiones: Conoces muy bien las sugerencias de un profesional en medicina, sabes lo que te conviene hacer para mantenerte saludable, pero aún así no lo haces. Por favor, no culpes al médico si la tensión arterial se eleva endemoniadamente. Veámoslo de otra forma: si compras un extraordinario libro de recetas de cocina, pero nunca dedicas tiempo para preparar un platillo, no puedes afirmar que el libro es de mala calidad o que el autor no es confiable.

De la misma manera, la única forma en que las sugerencias de un conferencista te serán útiles es poniéndolas en práctica. ¿Verdad que sí?

 

Acto seguido programamos aquel evento que había motivado la reunión.

 

 No obstante esta vivencia que les comparto, quiero afirmar que en mi opinión hay unos médicos y unos libros que son mejores que otros… y hay pacientes y lectores que se adaptan mejor a unos que a otros. Lo mismo sucede con los conferencistas y el público.

 

Finalmente, no puedo dejar pasar la oportunidad para sugerirle que la próxima vez que asista a una conferencia saque sus propias conclusiones y se comprometa consigo mismo a ponerlas en práctica, a sabiendas de que si no lo hace todo seguirá igual y si las aplica juiciosamente le estarán acercando cada día más a sus propios sueños.

 

Muchos Éxitos!

 

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